miércoles, 21 de marzo de 2012

Ingenuidad perdida.


Cuando ya todo estaba terminado
como otras tantas veces,
estaba a punto de haber cerrado
aunque no recogí todas la nueces,
y me despedía de mi vecino
al tiempo que daba la última mirada,
no quería dejar rastro del vino
que tranquilizó mi tardeada.

Aquella mañana mala noticia me entregaron,
que la mujer que ya amaba con toda el alma,
la noche anterior muy lejos se la llevaron,
desde ese momento, perdí, también la calma.

Dediqué pues el día de trabajo
a meditar en lo que pasaba,
sin imaginar que caería tan bajo
pues me harté de lo que tomaba.

Creí en firme que la seducción estaba completa,
que había pasado la etapa de sufrida inseguridad
porque no se nos atiende de forma repleta,
pero tan solo era una ilusión u otra iniquidad.

En el comercio de nuez me fue bien
aun cuando de él no sabía nada,
se trataba de convencer, a todo quien
vender quería, al precio que yo fijaba.

A venderme llegó un día
lo que de su nogal recogía,
bella, hermosa toda se veía,
sentí que mi amor le debía
y a entregar comprometía
todo el corazón, que latía
sin ton ni son, aunque repetía
con buena intención, y valentía,
has de ser mía, mía.

Que ingenuo fui, ella no me quería.
Julián Luján

2 comentarios:

  1. Como dice el dicho, bien en los negocios, mal en el amor.
    Aunque la mayoria sufrimos las dos cosas juntas.
    Bien por el cuento. Tantas veces el corazön se engaña que te han querido y no ten han querido nada.
    Pero asi es la vida, y uno sigue vivo para continuarla. como te dije, buen cuento, trae un suspiro al alma.mb

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  2. Jajaja, así de simple también es la vida, como en un sube-y-baja que depende de la velocidad de empuje para estar en cualquiera de sus dos únicos extremos, gracias de nuevo y que estés siempre bien, un abrazo muy fuerte.

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